miércoles, 18 de marzo de 2015

8. LA MIRADA VIOLENTA V/S LA MIRADA CREATIVA

1. Creatividad  implica admiración y no  mera fascinación


“Reducir una acción que es creativa a pura fascinación es una operación violenta y fuente de violencia”.  (Alfonso López Quintás. “Blog  “Tendencias21 sobre formación en creatividad y valores” 01 Nov. 2.011) 
Es fácil escuchar las frases “estoy fascinado” o “estoy sub-yugado”.  A veces las pronunciamos sin saber su real significado y le damos el sentido de “ad-miración”; pero con ellas queremos decir algo absolutamente contrario: La admiración es un mirar hacia, implica respeto por lo ad-mirado: Un situarse frente a la realidad para dejarla ser… Se trata de un situarse ni tan distante que implique indiferencia, distanciamiento; ni tan cerca que implique intromisión, apoderamiento o fusión.  Quienes se aman – parejas, amigos, padres e hijos, etc. – no sólo permiten a otro ser sino que le impulsan e inspiran a ser; tampoco se fusionan con ellos de tal modo dejar de ser…  El fascinado está encandilado, enceguecido, perdido a sí mismo, ante una realidad que lo sub-yuga, esto es, lo esclaviza bajo su yugo… Deslumbrado, encandilado,  se desvalora a sí mismo: se anula su poder de diálogo porque ya no hay dos sino uno apoderado del otro…  Un dueño y una persona reducida a su medio de consumo. 

2. La creatividad lleva a la realización que provoca momentos de sobrecogimiento o éxtasis.
        La fascinación nos lleva al vértigo destructivo; a la obsesión, encandilamiento, fanatismo, empobrecimiento, destrucción, violencia.

Es fácil confundir la sensación de vértigo que provoca la fascinación, con su contrario, el éxtasis, que provoca la felicidad.  Desgraciadamente, hoy se usa la palabra éxtasis como nombre de una droga que provoca  todo lo contrario: vértigo. En el vértigo hay una entrega pasiva a aquello que lo produce, un dejarse llevar, un abandonarse… Puede ser el poder, la avaricia, el juego, el erotismo, cualquier droga…  Cae en esta misma sensación el dominante y el dominado; pues, en sentido estricto, ambos son dominados por lo que les sub-yuga.  Es el caso de Camille Claudel que, fascinada por el escultor Auguste Rodin  a quien conoce a los 19 años y elige como maestro.  Camille, teniendo gran genialidad como escultora, se deja arrastrar por Rodin en una fascinación que la abarca a ella por completo y borra todo límite: él no la ama; la usa como objeto de inspiración… Ella destrozará toda su obra;  sus esculturas y el hijo que espera de él… Para ella, todo el mundo gira entorno a Rodin; con él y sin él, es nada… Esta fascinación u obsesión le recluirá en un psiquiátrico donde vivirá sus últimos 30 años (más de la mitad de su vida).  A su muerte, la familia la enterrará en una tumba sin nombre…  El año 1988, se hizo una película biográfica: Camille Claudel, Francia, Dir. Bruno Nuytten.  El 2013, se hará otro film francés, dirigido por  Bruno Dumon, que narrará algunos días de su estadía en el psiquiátrico.

Es interesante que una de las esculturas de Camille, salvadas de su destrucción,  llamada “La edad madura”, expresa su relación con el escultor: Ella, de rodillas, implorante, intentando retenerlo; tras él, como una sombra, la esposa quien siempre supo -pero a quien nunca importó- la relación que él tuvo con Camille; pues también tenía claro que para él cada mujer era una de tantas…


3. En el mundo del vértigo se objetualiza la persona; los objetos se compran, tienen dueños y son para su uso y consumo.  Sin creatividad, somos un objeto entre objetos.  La violencia tiene su raíz en esa mirada que reduce todo a objeto.

El vértigo lleva a la pérdida de la creatividad más fundamental: la del ser y, consecuentemente, del encuentro con lo que escapa a una mirada objetual (como objeto, como cosa) de la realidad. El descubrimiento de sí mismo y de los demás, de todo lo personal y del sentido de cada realidad en el Universo y en nuestros mundos, exige de una actitud, mirada, entendimiento y comunicación creativos.  Pues sólo la creatividad – la sensibilidad, la intuición, el amor humilde y generoso- nos permite acceder a lo esencial, a lo invisible a los sentidos y a la mera razón lógica.  Quien está frente a nosotros es quien es; no sólo lo que ha hecho o hace; sino lo que puede hacer porque ya lo es. Sólo que en potencia.   Es la mirada que hace el Quijote de Dulcinea, la que le hace exclamar “Mi bella dama”, porque su mirada de amor – siempre fecunda- le permite descubrir lo que ella misma no ha descubierto de sí. El trato de los demás, la violencia de los demás y de ella para consigo misma, ocultan la dignidad y belleza de su ser, que aparece para el hidalgo caballero. 

Habitamos el mundo, esto es, lo personalizamos… Ya no es “él” o “ella”, es “nuestro” o “mi  hijo-a, amigo-a, esposo-a”; no es “una casa o espacio”, es “mi o nuestro hogar, escuela, templo, barrio, país…”; no es un lienzo, es “mi bandera”, es “nuestro símbolo de amor”, “nuestra canción”, “nuestro patrimonio”, “un recuerdo…”…  Todos los ejemplos mencionados implican una actitud, mirada, encuentro, lenguaje creativos…  Los diccionarios están llenos de significados: mi (adjetivo posesivo), gato (mamífero carnicero, lengua áspera…etc.).  Son conceptos,  significados abstractos, universales, creados para una comunicación abstracta universal… Pero cuando yo digo “Mi gato”, sólo yo y quien realmente me conozca, podrá saber cuál es el sentido de mis palabras; un sentido único, personal, real; donde “mi” no es adjetivo posesivo  (de adueñamiento) sino de historia de existencias compartidas y “gato” ya no es un animal reemplazable, sino único, precisamente por ese “mi”  …  Por ello, en la medida que no nos demos el tiempo y espacio para escucharnos, es claro que habrá mucha violencia; mucha más y más profunda que la que aparece en las noticias…



Uno de los filósofos que siempre ha estado preocupado de la educación, habla de lo que llama Analfabetismo de segundo grado.  El primer analfabetismo, nos dice, es no saber el significado de los términos; el segundo, es cuando no se capta el sentido profundo de las palabras.  En el cuadro “La muerte de Sócrates” del artista francés Jacques-Louis David (1787), a los pie de la cama en la cual se encuentra Sócrates, quien está pronto a tomar la cicuta, aparece Platón; con una túnica blanca igual a la del maestro y dibujado como un anciano… En la realidad “hecho, dato, cosa”, Platón no asistió a la muerte de Sócrates, pues enfermó de dolor… A partir de entonces, él debería asumir el lugar del maestro… Sin estar físicamente presente, estaba y, a pesar de que su edad biológica era de veintiún años, ese día, la experiencia de una de las mayores injusticias cometidas, le hizo vivir de golpe muchos años… Esta pintura es arte: expresa la realidad; no se queda en la mostración del dato:

“No conocer el lenguaje de la vida creativa acarrea males sin cuento al hombre porque lo mantiene desinformado respecto a lo que debe hacer para realizarse cabalmente. Pero este tipo de analfabetismo no da la cara. Colapsa la vida personal, no permite darle su sentido pleno, y esto significa un infortunio para quien tenga una idea clara de los valores. Pero la gente apenas repara en ello debido a que dispone de bastante información y ésta se confunde fácilmente con la formación por cuanto permite hablar y opinar con soltura.

Si se piensa de modo riguroso, se advierte claramente que la mera información no suple en modo alguno a la formación. Lamentablemente, hoy se estima a veces más la información superficial que la formación profunda. Estar informado supone cierto tipo de dominio de la realidad. El frenesí informativo actual está en buena medida inspirado por el ideal de la posesión: se ansía poseer información. Saberlo todo es una forma de poder. De ahí que la libertad de información y expresión, malentendida como algo absoluto, se enfrente a menudo con el derecho a la intimidad de los ciudadanos y los grupos sociales.” (Ibíd.)

4. Con los objetos nos relacionamos; con los ámbitos nos encontramos y creamos o recreamos:  “Tomo en la mano una partitura de la Quinta Sinfonía de Beethoven.  En un aspecto, es un objeto, porque pesa, tiene unas delimitaciones precisas, se compone de materia, puede ser agarrada con la mano, está aquí y no en otro sitio, sirve incluso para hacer fuego. Pero, en cuanto figuran en ella ciertos signos que expresan una obra musical, esto que tengo ante mí no es un objeto; no es pesable, asible, medible, localizable en un solo lugar. ¿Dónde se halla la Quinta Sinfonía en cuanto obra de arte? (…) Pero el manuscrito no es la sinfonía. Esta sólo existe en el lugar y momento en el que es debidamente interpretada. La sinfonía como tal no está sometida a un tiempo y espacio físicos. Por eso puede estar al mismo tiempo en lugares muy diferentes, en todos aquellos en los que sea debidamente interpretada. Tiene un modo de realidad distinto al de los objetos, al de la partitura considerada como objeto.

Vemos cómo una misma realidad -la partitura- presenta dos vertientes: una objetiva, otra ambital. Y ambas se necesitan y complementan; se integran. Pero ¿quién sabe integrarlas? El que conoce el lenguaje musical y no se queda en las meras apariencias, antes penetra hasta el fondo. El que no sabe leer una partitura ve esta realidad que sostengo en la mano como un mero objeto. La reduce de valor, la degrada, la empobrece, la despoja de su sentido cabal para reducirla a un mero significado: el que tiene una realidad que presenta condiciones tales como arder, pesar, ocupar un espacio, ser manejable...” (A. López Quintás. Módulo “Ejercicios para descubrir los ámbitos y características”  http://cerezo.pntic.mec.es/~alopez84/curso/modulo1/lectio15.html)

Esta diferencia entre “objeto” y “ámbito”, nos lleva a distinguir, en el mismo sentido, entre:  a)  “significado” y “sentido”, b) “dato o hecho” y “acontecimiento”, c) “producto o reproducción” y “creación, recreación o interpretación o procreación”, d) “lenguaje prosaico” y “lenguaje creativo o poético”, e) “conocimiento de los objetos o cosas” y “conocimiento de las personas”…

5. Actitud creativa versus conformismo.
Los vacíos, desórdenes, inequidades, las posibilidades, los dones… aparecen como un reto a enfrentar.  Es lo contrario a la actitud conformista  y  de debilidad de quien no quiere ver para no responsabilizarse, no comprometerse. El conformista se disuelve en el grupo, en la opinión de la mayoría, en la aceptación sin debate ni riesgos. Para que el mecanismo de defensa sea completo, el conformista debe huir del pensar fecundo, auto engañarse o usar de otros mecanismos de evasión.  Para el creativo, la falta detectada, el desequilibrio, la apariencia… son tónico y misión.  Por ello el creativo ve lo que otros no ven.  Es lo que el psiquiatra español Rof Carvallo, en un libro muy vigente a pesar de haberlo escrito en 1964, llamó  “perspicacia para la discrepancia, para el orden escondido” (P. 14).  El desorden no le angustia porque su creatividad le asegura que “tras toda confusión, hay un orden que todavía no se ha encontrado” (ibíd.)  Esta seguridad, dice el psiquiatra, es propia de quien tiene fe en los misterios de la existencia que le hacen confiar o intuir en que todo es superable, más allá de lo que objetivamente pudiera en un momento dictarle la razón: “en lugar de negar una importante parte de su personalidad, aspira a poseerse él mismo por entero, con luces y sombras…” (p.15)

6. Momentos de la  creatividad

a) El proceso de “iluminación”, “revelación” o “inspiración”:  El tiempo de respuesta a la búsqueda creativa puede ser diverso…  Hay tiempos dolorosos, de búsqueda sin respuesta, llamados “noches oscuras”, “desiertos” – que pueden durar segundos, días, años…. Para luego, de repente venir la irrupción creadora, radiante, desbordante…
b) “Desenfoque” y “nuevo enfoque” de la realidad. Para llevar a cabo el acto creador, debemos desenfocar la mirada habitual de la realidad, para crear otra forma de mirarla, de articularla, debemos ampliar nuestra mirada, iluminar espacios antes no vistos, salir de nuestras propias oscuridades… ampliar nuestro foco iluminario, romper los límites autoimpuestos, impuestos, los prejuicios conceptuales, emocionales… Sólo así podremos idear otras formas de mirar, de configurar la realidad, de unir o desunir lo que en la naturaleza no se encuentra unido o desunido…
c) La obra creativa que puede ser sólo íntima: un sentimiento, actitud, pensamiento, ideación… o puede cobrar independencia del acto creador y  trascender en una obra externa a recrear por otros: un libro, una pieza musical, un invento tecnológico…


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