Desde los inicios míticos, religiosos, filosóficos, artísticos, comunicacionales... la palabra aparece vinculada al acto creador:
"Y Dios dijo: "Hágase la luz". Y la luz se hizo. (...) y llamó Día a la luz y Noche a las tinieblas". Más adelante, en el mismo texto bíblico: "Dios modeló con arcilla del suelo a todos los animales del campo y a todos los pájaros del cielo, y los presentó al hombre para ver qué nombre les pondría. Porque cada ser viviente debía tener el nombre que le pusiera el hombre".
Independientemente de considerar o no la Biblia como un texto sagrado o mito, es interesante preguntarse del porqué en sus inicios parte dando a la palabra un poder tan importante: Un poder creador, poético, mágico. ¿Podríamos pensar como lo hacemos; sin necesidad de tener una realidad frente a nosotros, si no le hubiésemos puesto nombre? ¿Podríamos haber adquirido todo el conocimiento que hemos logrado, sin haber nombrado la realidad y sus atributos, acciones? ¿Podríamos amar como lo hacemos sin haber puesto nombre al o a la amada? En el film Reciclaje, la hija abortada pide a la madre que le ponga nombre ¿Por qué?
No habría palabra si no existiera el silencio...
Hay silencios llenos de palabras que traen presencias, encuentro... Hay silencios vacíos que nos hablan de aislamiento, desprecio, abandono... Hay silencios de desvinculación, de vacío... Hay falta de silencio; nostalgia y anhelo de silencio...
No dejen de ver el siguiente vídeo con la reflexión de Pablo D'Ors; donde reflexiona sobre el silencio como nostalgia, fuga, contemplación, enfrentamiento de las sombras, oportunidad de crecer, de redención, de limpieza, de revelación del ser... de iluminación.
https://www.youtube.com/watch?v=yTC03C6xxM8
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